24 abril 2016

Julieta

Desde que empezó a asomar durante los inicios del rodaje, Julieta es una película que no me conseguía despertar suficiente curiosidad como para planificar de antemano su visita al cine. Se presentaba como un drama con apariencia bastante plana, más alejado de las historias histriónicas a las que nos tiene acostumbrado Almodóvar. Aún así, intuía un as bajo la manga del director, por lo que acudimos a verla aún con un atisbo de esperanza.


La última obra de Almodóvar aborda una reacción de aversión unidireccional entre hija y madre que crece y se retroalimenta con el tiempo, hasta parecer una condena perpétua que tiene que sufrir su protagonista, cual penitencia sin causa aparente. Una angustia que se aleja y reaparece a pesar de los intentos de Julieta por librarse de ella. La historia de Julieta, cuya hija -Antía- al llegar a su mayoría de edad decide abandonarla y eliminarla de forma rotunda de su vida, relata con maestría un conflicto generacional que parece no tener respuesta para la angustiada madre. La desesperación inicial es eclipsada por una resignación que la va consumiendo a medida que avanza la película.

El director recurre a los saltos temporales para hilar la historia y dejar que el espectador indague en la causa-efecto que pudo haber provocado la estampida de la hija de Julieta, ayudado por la carta que decide redactar la protagonista. No es la primera vez que Almodóvar utiliza este recurso, pero nunca tuvo tanta presencia y justificación en un film.

De porte bastante sobrio y detalle cuidado, el film está salpicado de ciertas escenas oníricas -un viaje nocturno en tren, un ciervo corriendo en la nieve o la brava mar donde se emplaza gran parte de la historia- que sirven de premonición a Antía, pero que además enfatizan la reflexión de la trama.

Son 96 minutos de drama, de una película lenta y sin embargo muy digerible, que a mi parecer está montada de forma que pide más y más atención del espectador, creando espectación y enganchando hasta su desenlace a pesar de sus silencios. Probablemente estamos ante una de las obras más intimistas de Almodóvar, dirigida a un público mucho más minoritario al que está acostumbrado.

Trailer:


Lo mejor: un cine intimista muy digerible.
Lo peor: el final, resuelto de forma fácil o apresurada.