05 mayo 2014

"Botxo"


La ciudad de Bilbao es uno de esos lugares que encuentro perfectos para realizar una escapada urbana. Salvo su característico tiempo gris que nos recuerda a Londres, si la lluvia da tregua se puede disfrutar de una ciudad que, dicen, ha mejorado con el tiempo. A mi particularmente me hubiese gustado conocer esa ciudad de antaño, con sus gruas y su decadente ría y poder comparar con los nuevos tiempos... Siempre hemos oído hablar de lo mucho que ha significado para la ciudad la renovación de la ría, con su ajardinado Paseo Volantín y el Museo Guggenheim como edificio icónico que abandera la nueva era de la ciudad, más allá de la gris e industrial ciudad que fue en su día Bilbao. Pero de momento nos conformaremos con la gran Grua Carola y el extrarradio de la ciudad para intentar evocar su pasado. Hoy en día, en el municipio de Loui, su aeropuerto -obra de Santiago Calatrava- ya te indica nada más llegar que estás llegando a una ciudad de aires renovados.

En la misma zona de la ría, el Museo Guggenheim en si es ya una obra de arte. La magnífica construcción de Frank Gehry no pasa desapercibida. Además tiene su propia mascota, el perrito Puppy -obra de Jeff Koons- que se encarga de dar la bienvenida a los visitantes. Si bien es un espacio que permite montar grandes exposiciones e instalaciones, deja poco lugar para las permanentes, por lo que al margen de la programación temporal, el resto queda escaso.

Además del Guggenheim, uno de los últimos edificios en aportar modernidad a la ciudad ha sido La Alhóndiga, un gran centro cultural que antaño fuera una antigua fábrica de vino. El edificio ha sido renovado a cargo de Philippe Stark convirtiéndose en un local vanguardista de referencia, contando con piscina cubierta, multicines, sala de exposiciones y una terraza donde poder tomar un cóctel al fresco con vistas sobre los tejados de la ciudad.

Como no sólo de cultura vive el hombre, la ciudad mantiene un especial carisma que se refleja en una maravillosa arquitectura bien conservada. Su casco antiguo -la Plaza Nueva y sus aledañas y famosas 7 calles- son un buen exponente y lugar ameno para callejear y tomar unos pintxos que son en sí verdaderas obras de arte.

Además del 'Botxo', sus afueras también ofrecen una buena alternativa para los visitantes. Por citar algunos, Artxanda, con su buen mirador sobre el que contemplar todo Bilbao, o Getxo, que bien se merece un día para poderlo disfrutar. Así que en nuestro caso nos reservamos la última jornada del viaje para ir hasta Portugalete, dejarnos admirar por su precioso puente colgante, y dar un largo paseo por este municipio costero. El día soleado nos lo hizo más agradable, y terminamos retomando fuerzas cómo no con unos pintxos en su casco antiguo, bien pequeño pero pintoresco.