29 septiembre 2010

Las esperadas vacaciones (2ª parte: Mykonos)

Chora -la capital de Mykonos- es una localidad con mucho encanto. A pesar de la masificación de turistas que la visitan, se respira un cierto aire entre bohemio y liberal que atrapa. Tal vez en parte debido al entramado de calles que la forman: Sus blancas y estrechas calles te invitan a perderte, ya sea de forma intencionada o no. Hemos tenido la ocasión de estar alojados en una habitación inmersa en la laberíntica Chora, y ha resultado de lo más auténtico -además de práctico-.

Las aguas cristalinas de toda su costa son una muy buena carta de presentación para la isla. Es una lástima que estén tan privatizadas, tanto que cuesta mucho encontrar alguna zona virgen en la costa. Las famosas playas Paradise, Super Paradise y Elia -ambiente gay y nudismo permitido en estas últimas dos- son las que elegimos para pasar esos días por la isla. Sin duda alguna, la playa de Elia es la que se ajustó más a nuestros gustos.

A pesar de las innumerables calas y playas que pueden haber en la isla, es fácil recorrerla en pocos días ya que su superficie no es muy grande y las distancias se hacen cortas. Aparenta ser una isla plana y sin embargo también tiene sus alturas, sobre todo en Ano Mera -segunda localidad importante- y alguna zona de la costa sur.

Su marcha nocturna recuerda mucho a la zona del puerto de Ibiza: Mucho bar entre las callejuelas, mucho ambiente y  mucha gente engalanada en las calles. Nuestra estancia coincidió con los cierres de las principales discotecas, pero nuestro plan era más relajado y nos conformamos con disfrutar las noches de una forma algo más tranquila.

La isla luce muy bien tanto de noche como de día. Los famosos molinos de viento son una de las más conocidas estampas del puerto, junto con la imagen de la iglesia de la Santísima Virgen Paraportiani... me hipnotizó tan blanca y solemne, aguantando el paso de los años como puede. Es la más importante de las 400 iglesias que puede haber en la isla, construida de forma asimétrica en el año 1475 -aunque su construcción finalizó en el siglo XVII-.

Tres días y medio en Mykonos fueron suficientes para conocer la isla y habituarnos a ella, aunque es tan cautivadora que te deja con ganas de más.


23 septiembre 2010

Las esperadas vacaciones (1ª parte: Santorini)

A pesar de hacer alguna escapada que otra durante este año, el viaje principal nos lo hemos reservado para septiembre. Coincidiendo con la vuelta al cole, acabamos de regresar de Grecia. Nos hemos apañado un combinado Santorini-Mykonos-Atenas la mar de majo.

Santorini

Santorini -nombre que proviene de Santa Irene- es una isla preciosa cuya forma se la debe a una erupción volcánica en el año 1628 a.c., perdiendo buena parte de su superficie central. Es por eso que cuenta con innumerables acantilados en la costa oeste con unas vistas espectaculares: Fira, Firostefani, Imerovigli y Oia son los pueblos más característicos de esta zona.

Para recorrer toda la isla decidimos alquilar un quad. Fue una elección más que acertada: Las cuestas de los acantilados no invitaban a alquilar una moto, y a pesar de encontrarnos en septiembre la afluencia de gente hacía casi imposible aparcar un coche en el centro de Fira –donde decidimos alojarnos, en un pequeño y familiar hotel-. Tengo que decir que disfrutamos como niños conduciendo un quad, así que repetiremos la experiencia!

En la parte noreste de la isla se encuentran unas puestas de sol maravillosas, sobre todo en Oia –segundo núcleo importante de la isla después de Fira-. Toda la costa oeste de la isla es un acantilado de unos 300 metros aprox. de altura, donde cuelgan sus casas de muros blancos. Las numerosas iglesias destacan por sus cúpulas azules, otorgando al paisaje una estampa inigualable. Nos sorprendió la gran cantidad de gente que acude en Oia en esas horas.

Después de contemplar esa puesta de sol en Oia, decidimos bajar el acantilado hasta el puerto de Armeni. Allí tuvimos la oportunidad de cenar en una taberna de pescadores. Muy romántico y muy rico: el pulpo a la brasa que preparan es una delicia, y el típico vino blanco de Santorini –vinsanto- entra solo!!

Nea Kanemi es el nombre del islote donde se encuentran los cráteres del volcán –uno de ellos todavía activo-, al que se puede acceder a través de una excursión muy agradable: En tan sólo 25 minutos te trasladan en barco desde el antiguo puerto de Fira a Nea Kanemi. Un guía te explica la historia de las diferentes erupciones que ha sufrido el volcán y alguna que otra curiosidad de la isla. Se pueden ver aún fumarolas o salidas de vapores de azufre, y es curioso ver los distintos matices de los tres cráteres debido a su diversa composición. Por último, antes de emprender el regreso, tuvimos un baño en los Hot Springs o aguas calientes detrás del volcán, donde tienes la oportunidad de untarte un barro rico en hierro que parece ser beneficioso para la piel y todo -vaya suerte…-. Tengo que decir que yo soy muy escéptico en estos temas, pero ahí estaba, embadurnándome todo el cuerpo.

Aprovechamos también para pasar unas horas en playas como la playa roja –impactante con su rojo y abrupto acantilado- y una pequeña playa cerca de Oia muy solitaria y poco visitada.

Muy cerca de Fira se encuentra el pueblo de Imerovigli, Es igual de pintoresco que Fira, aunque menos turístico y más recogido. Más íntimo. Allí elegimos un restaurante con vistas a la caldera para la última cena en Santorini.

Al día siguiente, rumbo a Mykonos.